El incierto futuro del petróleo en Irak

20 de junio de 2014

Cuando las cosas se complican en Oriente Medio, suben los precios del crudo. Ante la situación de inestabilidad de Irak, los precios del petróleo han experimentado un repunte.

En este caso, sin embargo, merece la pena conocer los detalles. Como era de esperar, el Brent ha vuelto a superar los 112 dólares el barril. No obstante, esta situación tiene menos que ver con las noticias que nos llegan en estos días; en realidad, guarda más relación con lo que ocurra el resto de la década.


La amenaza directa a las exportaciones de petróleo del país sigue sin estar clara. Por ahora, la insurgencia está actuando en el centro de Irak, lejos de las principales zonas de producción y exportación de crudo, situadas al sur y en la zona del Kurdistán.


El principal problema es lo que significa el avance repentino del Estado Islámico de Irak y al-Sham para las perspectivas de crecimiento de la producción de crudo en Irak. En sus últimas previsiones a medio plazo, dadas a conocer el martes, la AIE recortó sus perspectivas de crecimiento para Irak.


Ahora apunta a una producción de 4,29 millones de barriles diarios de aquí a 2018, casi medio millón de barriles menos al día que en las previsiones del año pasado.


Hay que recordar que Irak todavía representa el 61% de las expectativas de crecimiento de la capacidad de producción de los países de la OPEP. Por tanto, incluso si la amenaza a corto plazo del suministro de petróleo no es alarmante, sí lo es el contexto a mayor escala.


Las fronteras de Irak parecen ahora más franqueables que nunca, y auguran una situación similar a la de Libia, en la que los grupos regionales rivales se disputan el poder o la separación de un gobierno central debilitado. En Libia, esa situación de inestabilidad ha llevado a que la producción oscile estos últimos años entre cero y 1,75 millones de barriles diarios.


Ahora, ha vuelto a ascender a un cuarto de millón de barriles al día. En 2010, antes de que estallara la crisis en Libia, la AIE pronosticó una producción superior a dos millones de barriles diarios en 2015. Ahora, esa cifra ni siquiera parece posible en 2019.


En el caso de Irak, incluso si Baghdad no cae en manos de los insurgentes, es probable que estos se expandan por el país, generando focos de inestabilidad. Y, peor aún, las luchas entre suníes y chiíes en Irak, respaldadas de un lado por Arabia Saudí y, de otro, por Irán, significan que incluso las perspectivas a la baja de la AIE serían cuestionables, dado que las inversiones necesarias para desarrollar la industria del crudo del país podrían quedar bloqueadas.


Esto beneficia a los precios del petróleo a largo plazo. Sin embargo, estos no han reaccionado en la misma medida que los precios a corto plazo, de lo que se deduce que se pueden obtener beneficios. Por ejemplo, mientras que el precio medio del Brent para el resto de 2014 ha subido un 3,3% en la última semana, el precio para 2018 ha aumentado de media menos de un 1%.


Además, los precios para 2018 se mantienen prácticamente en los niveles en los que estaban a finales de 2010, justo antes del estallido de la guerra en Libia ;sin embargo, esta crisis podría ser potencialmente mucho peor.


Conforme suban los precios del petróleo a más largo plazo debido al aumento de la inestabilidad en Oriente Medio, las compañías que operan en áreas poco convencionales deberían salir beneficiadas. Sobre todo las firmas norteamericanas de exploración y producción de recursos poco convencionales.


La AIE prevé que la demanda global de petróleo aumentará en 6,58 millones barriles diarios en 2018, de los cuales el 61% lo cubrirá el suministro adicional procedente de Norteamérica. Eso, en realidad, representa una ralentización del crecimiento de la producción. Pero si el crecimiento iraquí sufre una fuerte ralentización, eso elevaría el precio del petróleo y probablemente estimularía una mayor inversión en la producción norteamericana.


Las firmas de exploración y producción dependen de los precios fijados por los mercados de futuros, que arrojan luz sobre el flujo de caja que apuntale las perforaciones. Así que cualquier aumento de los futuros del petróleo a largo plazo reforzaría esta tendencia.


En última instancia, sin embargo, todo esto perjudica al petróleo a largo plazo. Irak se une a una larga lista de países como Libia, Nigeria y Venezuela –todos miembros de la OPEP– en los que no se puede confiar como proveedores estables.


Los altos precios del petróleo y los trastornos geopolíticos resultantes están presionando lentamente a los países consumidores de crudo a redoblar sus esfuerzos para reducir la demanda. También están elevando la factura energética de los consumidores de regiones vulnerables como la eurozona, lo que ralentiza el crecimiento económico que mantiene la salud del mercado petrolero.


Los enfrentamientos que tienen lugar en Oriente Medio, que tan a menudo avivan los mercados petroleros, pueden acabar quemándolos.

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