
Durante su intervención en el Fórum Europa Nueva Economía patrocinado por Asisa, BT y Red Eléctrica de España, Almunia se refirió así al programa de estabilidad con un horizonte de cuatro años con el que España pretende volver a un déficit del 3% en 2013, que hoy discute el Eurogrupo
y que mañana estudiará el Ecofin.
"Lo que dice la Comisión Europea es que en 2010 está bien lo que se plantea y que en 2011 y años siguientes estaría bien si se confirman unas previsiones macro que podrían pecar de un cierto optimismo", afirmó Almunia. "Ojalá se equivoquen. Ojalá ese cierto optimismo se confirme en la realidad", añadió, y a continuación advirtió de que la crisis griega ha demostrado que la UE "necesita poner energía política ambiciosa al servicio de mayores cuotas de integración".
Aseguró que ante el tercer paquete de medidas económicas de ajuste adoptadas por el Gobierno griego para frenar su elevado déficit público "han hecho lo que nadie se imaginaba", por lo que "ahora la pelota está en manos del conjunto del Eurogrupo", para ver cómo puede afrontar la crisis cada uno de los países de la UE. "Las cosas no estaban tan claras como se pensaba en un principio", dijo.
Para el comisario de Competencia, los países de la zona euro "ya han pasado lo peor" de la crisis y "la sensación de caída libre ya no existe", ya que todas las economías "van saliendo de la recesión". Sin embargo, advirtió de que salir de la recesión "no es salir de la crisis", puesto que la salida pasa por "poner orden en el sistema financiero y afrontar una estrategia de freno del endeudamiento tanto del sector público como privado" y "que costará años", aseveró.
Puntualizó que para salir de la crisis se deben reabsorber los niveles de paro y crear empleo, y recuperar la capacidad de crecimiento, que ya era moderado antes, pero que durante la crisis fue borrado o eliminado por los cataclismos producidos en los mercados financieros. Exigió poner en marcha políticas a medio plazo para que los países de la UE recuperen el dinamismo, la competitividad y abran la puerta a los inversores.
Así, dijo que la Comisión Europea debe adoptar posiciones clave para coger la senda de crecimiento sostenible y que Europa no puede seguir mirando con cierto temor y con actitudes defensivas a los mercados de la competencia como son los países emergentes.
El vicepresidente de la Comisión Europea asegura que la actual crisis económica exige medidas a corto plazo y que la solución no es sólo pensar a largo plazo en la creación de un Fondo Monetario Europeo. La crisis griega ha demostrado que la UE "necesita poner energía política ambiciosa al servicio de mayores cuotas de integración".
Aseguró que ante el tercer paquete de medidas económicas de ajuste adoptadas por el Gobierno griego para frenar su elevado déficit público "han hecho lo que nadie se imaginaba", por lo que "ahora la pelota está en manos del conjunto del Eurogrupo", para ver cómo puede afrontar la crisis cada uno de los países de la UE. El comisario de Competencia dijo que los países de la zona euro "ya han pasado lo peor" de la crisis, y "la sensación de caída libre ya no existe", ya que todas las economías "van saliendo de la recesión".
Sin embargo, advirtió de que salir de la recesión "no es salir de la crisis", puesto que la salida pasa por "poner orden en el sistema financiero y afrontar una estrategia de freno del endeudamiento tanto del sector publico como privado" y "que costará años", aseveró.
No obstante, elogió la tarea de la UE respecto a las tareas de coordinación y supervisión de los reguladores bancarios, aunque estimó que "estamos a mitad de camino" y el crédito a las empresas "todavía no ha vuelto a la zona euro, que sigue en tasas negativas". "La prudencia de los bancos sigue en niveles altos a la hora de dar crédito", apostilló.
Por otra parte, Almunia consideró que los mandatarios europeos que ahora critican el Tratado de Lisboa y quieren hacer ver que la situación anterior era "mejor y más clara" pecan de "hipocresía, cinismo e ignorancia". Sin dar nombres, pidió que esos mandatarios dejen de lado sus "argumentos nada fundados", que reflejan que no se sienten "cómodos" cuando la integración europea avanza y que tienden a fijarse más en los intereses nacionales que en los del conjunto de los europeos.
"La fusión cada vez más intensa de nuestros intereses contrasta con la falta de visión y la cortedad de miras de muchas de las voces que quieren tratar de quitar importancia a la entrada en vigor del Tratado de Lisboa", afirmó, quien alabó la labor de la presidencia española en la UE para poner en marcha el Tratado.